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GRUPO ESCULTÓRICO REPRESENTATIVO DE LA FUNDACIÓN DE MEXICO-TENOCHTITLAN. CIUDAD DE MÉXICO

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El espacio geográfico y el individuo

Todo lo que le ocurra a la tierra
les ocurrirá a los hijos de la tierra. 
                                                                                                           
Seattle, jefe de la tribu Suwamish, al presidente
de los Estados Unidos, Mr. Franklin Pierce. 1885 


                                                               

La geografía


    El medio geográfico que rodea el asentamiento de un pueblo y donde tienen lugar los principales hechos que constituyen su historia es materia merecedora de estudio, por cuanto tiene de importancia el ecosistema en el devenir individual y cultural de las civilizaciones.

    En el caso que me ocupa -el estudio de la historia de los mexica- dicho grupo, de habla nahuatl, pertenecía a un área geográfica conocida como Mesoamérica, compuesta por una combinación de diversas etnias con grados diferentes de desarrollo cultural. Dicho término -Mesoamérica- constituye un "instrumento conceptual", introducido por el antropólogo alemán Paul Kirchhoff1, para delinear un espacio geográfico constituído por un mosaico de pueblos que participaban, a la llegada de los españoles en el Siglo XVI, de unos rasgos culturales comunes. Según él, dicho espacio abarcaba por el norte desde el río Pánuco al Sinaloa, pasando por el Lerma; y por el sur, desde la desembocadura del río Motagua hasta la península de Nicoya en Costa Rica, pasando por el lago de Nicaragua.


    De entre esos rasgos comunes -Kirchhoff llegó a cuantificar hasta treinta y nueve -se pueden citar los siguientes-: 

    1. Bastón plantador -coa-; construcción de huertas ganando terreno a los lagos -chinampas-; cultivo de la chía, del maguey, del cacao, del algodón, del frijol, de la calabaza y del maíz; molienda de éste último con ceniza o cal.

    2. Pulimento de la obsidiana; uso de espadas de palo con hojas de pedernal u obsidiana en los bordes; tubos de cobre para horadar piedras.

     3. Construcción de pirámides escalonadas; pisos de estuco; patios con anillos para el juego de pelota.

     4. Mercados especializados o subdivididos según especialidades; mercaderes que actuaban a la vez como espías; guerras para conseguir víctimas para sacrificar; órdenes militares -caballeros águilas y tigres-. 

    5. Escritura jeroglífica; signos para representar números; libros plegados estilo biombo; anales históricos y mapas. 

    6. Existencia de dos calendarios: uno ritual de 260 días formado por la combinación de 13 números y 20 días; y otro anual, de 18 meses de 20 días mas cinco adicionales; combinación de los dos períodos anteriores para formar un ciclo de 52 años; días de buen o mal agüero; personas llamadas según el día de su nacimiento. 

    7. Uso ritual de papel y hule; ciertas formas de autosacrificio -sacarse sangre de la lengua, orejas, piernas, órganos sexuales-; sacrificios humanos -quemar hombres vivos, bailar usando como vestido la piel de la víctima-; sacar el corazón a hombres vivos y rociar santuarios con la sangre de las víctimas sacrificadas.

    Dentro de esta gran super área cultural el pueblo de los mexica hizo su entrada en la Cuenca de México bien iniciado el siglo XIII y, según sus tradiciones, procedente del norte de la misma después de una larga migración. 

    La Cuenca de México, situada en la parte sur del Altiplano Central, ha sido denominada impropiamente por algunos autores como Valle de México, cuando en realidad no se trataba de un verdadero valle, ya que su superficie no aparecía excavada por un río.2 En el siglo XVI era una depresión cerrada o endorreica; es decir, sin salida fluvial al mar.

   La Cuenca se localiza en la  denominada tierra fría -más de 1600 m. de altura-, en contraposición a la tierra templada - entre 800 y 1600 m.- y a la tierra caliente -entre el nivel del mar y los 800 m.-. En la tierra fría  existen dos estaciones, una seca y otra lluviosa, y en ella se producían fundamentalmente maíz, frijoles, calabaza y amaranto; en sus tierras más altas, se cultivaba el maguey y el nopal. En la tierra templada,  además de los productos anteriores se daba también el algodón. Y en la tierra caliente, además del algodón, se producían productos tropicales inexistentes en las anteriores, como cacao, vainilla, tabaco y determinadas clases de frutas.
                    
    En la Cuenca existían dos complejos lacustres: el nororiental, con las lagunas de Tecocomulco, Atochac y Apan; y el occidental, al que seguidamente se hará referencia.


                            
     Al oeste de la Cuenca se encontraba, como se ha dicho, la zona lacustre del que se ha denominado impropiamente Valle de México. En el Siglo XV se extendía, aproximadamente, sobre unos 600 km2.

    Este complejo lacustre estaba constituído por cinco lagos de aguas someras que en tiempos de abundantes lluvias y crecidas formaban una única lámina de entre uno y tres metros de profundidad. Los lagos eran los de Texcoco, el mayor de ellos, al centro; los de Xochimilco y Chalco, al sur y sureste; Xaltocán y Zumpango, al norte. El lago de Texcoco era salobre en su parte oriental y, al ser el más bajo de ellos, recibía las aguas de los otros, sobre todo en épocas de lluvias.

    En ellos desaguaban manantiales y numerosos ríos procedentes de las elevaciones que los rodeaban. El arquitecto, urbanista y sociólogo Jorge Legorreta informa de 45 corrientes que bajaban de las montañas circundantes:
"En síntesis, la ciudad de México y su área metropolitana, con 22 millones de habitantes y 2 000 kilómetros cuadrados de superficie, está asentada en la parte baja de una cuenca de 9 600 kilómetros cuadrados; la delimitan sesenta montañas, cuya altitud varía entre 5 600 y 3 200 metros, desde donde desciende, en forma permanente, agua a la urbe ubicada a 2 200 metros, la cual proviene del hielo existente en las partes más altas de algunos volcanes, así como de catorce ríos perennes que nacen de manantiales en las partes altas y medias de dichas montañas. Otros aportes de agua, temporales, provienen de 31 ríos más, que se forman de mayo a octubre, durante la época de lluvias, lo cual es un valioso recurso que durante siete meses al año, desde hace siglos, nos obsequia sin distingos la naturaleza".3

 


Esquema de la zona lacustre miles de años antes a la llegada de los españoles, con algunos de los principales ríos que desembocaban en los lagos. Modificado de Sanders, Parsons y Stanley.4

     Sin embargo, dado que los lagos de Xaltocan y  Zumpango se situaban a un nivel más alto que el lago Texcoco, es probable que a principios del siglo XVI, en épocas normales, el aspecto de los lagos fuera el que figura a continuación.




Probable aspecto de la zona lacustre a principios del  XVI. 
Modificado de C. Niederberger.

    Y  en  la  sección occidental del lago Tetzcoco se hallaba situado el islote donde los mexica se establecieron  definitivamente,  alrededor de 1.325  d.C.,  como  punto final de su azaroso reco-rrido por diversos lugares de la Cuenca. En dicho paraje fundaron su capital, Tenochtitlan.

     Al  principio  solo  disponían  de  los productos  que  proporcionaba el lago: la fauna ictícola, representada  por  varias  clases de peces; camarones, batracios, tortugas, insectos y larvas que,   junto   con  algunas   algas,  constituían  una  importante  fuente  de   proteínas  para  los  ribereños.  En  la  época  de  invernada recalaban en los lagos numerosas bandadas  de decenas de miles de  aves  migratorias  procedentes  de  las  tierras  pantanosas de  Canadá  y  del  norte de  Estados  Unidos.   Eran  frecuentes  distintos  tipos  de  patos,  gansos,   colimbos, pelícanos y cormoranes ,  espátulas,  garzas  y  gallaretas.  Tenían  domesticado al perro  y  como  ave de corral criaban al pavo o guajolote.

    Al faltarles leña para combustión en los hogares,  piedra y  madera para las construcciones, intercambiaron con los pueblos ribereños aquellos productos por éstos,  pues  en  los  montes cercanos  a  los  lagos  abundaban las  rocas  volcánicas  y  los  bosques.  No  obstante, con  el  crecimiento  de la población, la producción agrícola de alimentos se hizo insuficiente,  lo  que  junto con otros factores, como su acreditado belicismo -habían ejercido anteriormente como mercenarios de otros pueblos ribereños-, les llevó a expandirse primero por las orillas de los lagos y después por territorios más lejanos, hasta llegar a constituir un verdadero imperio.

El individuo

    Ya los primeros historiadores de la Nueva España nos dejaron algunas reseñas sobre el aspecto físico de los mexica. Así, por ejemplo, el capellán de Cortés en España, López de Gómara, que aunque no viajó al Nuevo Mundo fue verosímilmente informado por aquél, escribe:
 "Son los hombres de mediana estatura, mas rehechos, leonados en color, los ojos grandes, las frentes anchas, las narices muy abiertas, los cabellos gordos, negros, largos, mas con garceta. Hay  muy pocos crespos  ni bien barbados, porque se arrancan  y untan los pelos para que no nazcan [...]"5
    Francisco Hernández, nombrado por Felipe II "protomédico general de nuestras Indias, yslas y tierra firme del mar Océano", testigo ocular, los describe así:
"Son de mediana estatura, de color rojizo, ojos grandes, ancha frente, narices muy abiertas, nuca plana, pero ésta se debe a la industria de los padres; cabellos negros, grasosos, flexibles y largos y aquellas partes que suelen ser cubiertas por pelo, en gran parte vellosas o completamente lampiñas." 6   
    El criollo jesuita Francisco Javier Clavijero anotaba al respecto:
"Son los mexicanos de estatura regular,  de la cual se desvían más por exceso que por defecto; de buenas carnes y de una justa proporción en todos  sus miembros; de frente angosta, de ojos negros y de una dentadura igual, firme, blanca y tersa; sus cabellos tupidos, gruesos y lisos; de poca barba y rala y de ningún pelo (por lo común) en aquellas partes del cuerpo que no recata el pudor. El color de su piel es ordinariamente castaño claro." 7
    Estas reseñas genéricas, y a veces discordantes, pueden servir de punto de partida para una descripción de las características físicas de los mexica, teniendo en cuenta que las mismas, debido al entrecruzamiento de los pueblos de las riberas lacustres, podrían se aplicables a los xochimilca, tepaneca, colhuaque, etc.

     Así, la "estatura mediana o regular" hay que tomarla en consideración comparándola con la de los españoles de aquella época, que sabemos que era de unos 1,60 metros.

    Los hallazgos arqueológicos y los modernos avances de la Antropología Física permiten afirmar que la estatura media de los habitantes de Mexico-Tenochtitlan inmediatamente antes de la llegada de los españoles era, aproximadamente, de 1,60 m. para los hombres y de 1,50 m. las mujeres.8 En cuanto a la forma de su cabeza, eran, por lo general, mesocraneanos; poseían caras alargadas y nariz de amplitud ancha o media. 

    Practicaban en algunos casos, como rasgos culturales que afectaban a su aspecto físico, la deformación craneana, la mutilación dentaria y el agujereamiento de orejas, narices y labios.

    La deformación craneana más común era la tubular erecta, consistente en el alargamiento del cráneo hacia arriba, colocando en las cabezas de los recién nacidos tablillas o cunas sujetas con ataduras. La mal llamada mutilación dentaria, pues en realidad se trataba de una técnica de embellecimiento, consistía en el aserramiento de los incisivos y caninos superiores, o en la incrustación en los mismos de pequeñas pieza de materiales nobles, como jadeíta, turquesa o incluso pirita. 

Mandíbulas prehispánicas. En la superior de observan dientes aserrados y con incrustaciones.

    Principalmente entre las élites -guerreros, sacerdotes y nobles- solían agujerearse las orejas, el septum nasal y el labio inferior, colocando en ellos, respectivamente, orejeras, pequeños huesos, y piezas de piedras preciosas o de obsidiana llamadas por los españoles bezotes (de bezo, labio).  


Manuscrito Tovar. Coronación de Motecuhzoma Ilhuicamina.
   En él puede observarse el uso de nariguera y bezote.


____________________

  
1. Paul Kirchhoff: "Mesoamérica, sus límites geográficos, composición étnica y caracteres culturales". Acta Americana, Vol. I, núm. 1, 1943. pp. 92-107. ↩

2. Mireya Imaz: "Historia Natural del Valle de México". Revista Ciencias. Volumen 15. Facultad de Ciencias. UNAM. pp. 15-21. ↩

3. Jorge Legorreta Gutiérrez: "Los ríos de la ciudad de México: pasado, presente y futuro". Revista Ciencias. UNAM. Numero 107-108. Julio 2012-Febrero 2013. pp. 18-32. ↩

4. William T. Sanders, Jeffrey R. Parsons, Robert S. Stanley: "The basin of México. Ecological Processes in the Evolution of a Civilization". Academic Press Inc. 1979. New York. https://www.revistaciencias.unam.mx/es/145-revistas/revista-ciencias-107-108/1169.↩

5. Francisco López de Gómara: "Historia de la conquista de México". Biblioteca Ayacucho. Caracas. 1979. pp. 340-341. ↩

6. Francisco Hernández: "Antigüedades de la Nueva España". Ed. Dastin, S.L. Madrid. 2000. p. 110. ↩

7. Francisco Javier Clavigero: "Historia antigua de México". Ed. Porrúa. México. 1982. p. 45. ↩

8. María Elena Salas Cuesta: "La población de México-Tenochtitlan. Estudio de osteología antropológica". Instituto Nacional de Antropología e Historia. México. 1982. pp. 74-75. ↩

¿Aztecas? ¿Mexitin? ¿Mexicas? ¿Tenochcas? o ¿Culhua-Mexicas?

Y luego les cambió el nombre a los aztecas,  diciendo: Desde ahora ya no os llamareis aztecas; yo os doy un nuevo nombre; en adelante mexitin.    

Chimalpahin 

  

    Ya el título de la presente entrada nos mueve un poco a desconcierto. Pero intentaré esclarecer, apoyándome en las fuentes documentales y la historiografía posterior, el nombre que creo más correcto para denominar al último pueblo prehispánico en llegar a la Cuenca de México.

    Los habitantes de una población eran denominados en nahuatl añadiendo un afijo a la raíz del enclave en que vivían. Para los topónimos terminados en tlan, el sufijo plural correspondiente era teca. Así, en el caso de Aztlan a la raíz Az se añade teca para formar azteca -los habitantes de Aztlan-; del mismo modo los pobladores de Tepoztlan serían tepozteca; o los de Acatlan, acateca. Una excepción a los terminados en tlan la constituye tenochca, habitantes de Tenochtitlan. En el caso de Mexico el sufijo es ca, para formar mexica-los habitantes de Mexico-.

    Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que según el origen étnico de las historias que han llegado hasta nosotros, sea través de manuscritos o de escritos coloniales, los gentilicios dados al pueblo objeto de este estudio varían de unas fuentes a otras; e incluso dentro de una misma tradición -en este caso la mexica-, unos nombres coinciden en varios documentos, pero en otros alguno de ellos es ignorado.

    Y así, dentro de la tradición mexica, unas cuantas fuentes fijan el origen de este pueblo en un enclave al norte de la Cuenca de México, Aztlan -de ahí el apelativo de azteca-. Sin embargo, otra, el llamado Códice Florentino1, de Fray Bernardino de Sahagún, señala tal origen hacia el este, en la costa del Golfo y no usa nunca la denominación de azteca, sino la de mexica -en la versión nahuatl del Códice-. Casi todos los pueblos de habla nahuatl que habían invadido la Cuenca procedentes de las llanuras septentrionales y semiáridas, decían proceder de un enclave llamado Chicomoztoc -lugar de las Siete Cuevas-, sobre el que hoy en día existe consenso sobre que se trataba de un lugar mítico o legendario. Los pueblos sedentarios de los alrededores de la zona lacustre, más desarrollados culturalmente que los inmigrantes, designaban a éstos como chichimeca o teochichimeca.  


    Manuscrito Tovar. Las siete cuevas de los linajes que poblaron en México y sus alrededores.

    Fray Bernardino de Sahagún, considerado el primer etnólogo de América, refiriéndose a todos los recién llegados, expresa:

"Todas las dichas familias se llaman chichimecas, y aun de tal nombre se  jactan  y  se  glorian;  y  es  porque  todas  anduvieron  peregrinando como  chichimecas por  las  tierras  antes  dichas,  y  de  allí  bolvieron para  estas partes.  Aunque la verdad no se llaman tierras de chichimecas,  sino Teotlapan Tlacohcalco  Mictampa,  que quiere  decir  "campos  llanos  y  espaciosos  que están hacia el norte". Llamáronse tierras de chichimecas  porque  allí  suelen  ahora habitar  los chichimecas, que son unas gentes bárbaras que se sustentan de la caça que toman, y no pueblan."2

    Eran éstos grupos de nómadas cazadores-recolectores y algunos de ellos practicaban la agricultura, tanto intensiva como de temporal, cuando las circunstancias se lo permitían; tenían una estructura social jerarquizada y eran conocedores de la escritura pictográfica y del calendario. Por consiguiente no se trataba siempre de pueblos bárbaros, como después se aplicó el término por los españoles a los pobladores del norte de Mesoamérica -la Gran Chichimeca- cuando procedieron a su conquista. Los mexica, en algunas fuentes, eran los únicos que se decían originarios de Aztlan que, como una manera sincopada de Aztatlan, se podría traducir como "lugar de garzas"; o también como "lugar de la blancura"3. Es de creer que la "blancura" hiciera o tuviera por referencia a las "garzas", aves de plumaje blanquecino. Fray Diego Durán dice a este respecto:

"[...], llegó a esta tierra la nación y congregación mexicana, la cual gente auia salido (como todas las demás naciones de que ya toda la tierra estaba poblada) de una cuevas, que en número era siete, y de una tierra donde auian habitado, que se llamaba Aztlan, que quiere decir, blancura ó lugar de Garças, y así les llamaban á estas naciones Azteca, que quiere decir: la gente de la blancura."4

    Aunque en algunas fuentes Aztlan y Chicomoztoc son dos emplazamientos diferenciados, sin embargo en otras -como en los escritos de Durán, Tezozómoc, el Códice Ramírez, Cristóbal del Castillo o algún texto de Chimalpahin-, ambos lugares son el mismo. Así, por ejemplo, Tezozómoc, en la "Crónica Mexicayotl", escribe:

"Aquí comienza, aquí está escrita la historia de los antiguos mexicas. Y puesto que su morada se hallaba en el mencionado Aztlan, ellos se llamaban aztecas; ese lugar tenía además el nombre de Chicomoztoc [...]"5

    Y en la "Crónica Mexicana" afirma:

"[…] La benida de estos mexicanos muy antiguos, en la parte que ellos vinieron, tierra y casa antigua llaman oy día Chicomoztoc, que dize Casa de siete cueuas cabernosas; segundo nombre llaman Aztlan, que es decir asiento de la garza."6

     Según Cristóbal del Castillo:

"[Cuando] de allá vinieron su nombre era, se nombraban, aztecas chicomoztocas, pues dicen que de donde salieron, cuando vinieron, [fue de] Chicomoztoc Aztlán [...]"7

    En un momento de su peregrinación a la Cuenca de México, según algunas de sus crónicas, su dios les cambia el nombre, pasando a llamarse mexitin. He aquí dos transcripciones de Chimalpahin:

"Y luego les cambió el nombre a los aztecas, diciendo: 'Desde ahora ya no os llamareis aztecas, yo os doy un nuevo nombre; en adelante mexitin'. También allá les embiznó las sienes, cuando les cambió su nombre por el de mexitin; y les dio asimismo la flecha, el arco, el escudo y la red, pues los mexitin flechaban a todo lo que vuela".8

"2 Calli, 1325. Con este año comienza la relación acerca de cómo llegaron y entraron a Mexico Tenochtitlan los antiguos chichimecas mexitin, […]"9

    En la misma Relación -la Tercera- en que figuran la dos anteriores transcripciones, la última vez que aparece el vocablo mexitin es en la siguiente:

"7 Calli, 1369. En este año los mexicas tenían 45 años de estar en Tenochtitlan, desde que llegaron los chichimecas mexitin colhuas."10

    A partir de ahí sólo utiliza el vocablo mexicas para referirse a los habitantes de Mexico-Tenochtitlan, por lo que es de deducir que a raíz de la fundación de la localidad los habitantes de la agrupación urbana serían conocidos por aquel nombre.

    Dos denominaciones más aparecen en algunas fuentes documentales, la de colhuas y la de tenochcas, unidas a veces con la de mexicas, para formar colhua-mexicas o mexicas-tenochcas. Bernal Díaz del Castillo escribe que cuando Cortés y sus hombres habían desembarcado en los arenales de Veracruz se les acercaron unos indios totonacos que les manifestaron:

"[...] y dijeron luego en la lengua mexicana que somos bienvenidos, e que su señor les enviaba a saber quién éramos, y que se holgaba servir a hombres tan esforzados, porque parece ser ya sabían lo de Tabasco y Potonchan; y más dijeron, que ya hubieran venido a vernos, si no fuera por temor de los de Culúa, que debían estar allí con nosotros; y Culúa entiéndese por mexicanos, que es como si dijésemos cordobeses o sevillanos; […]"11

    Tenochtitlan, (palabra formada por la agregación de tetl -piedra-, nochtli -tuna o higo chumbo- y titlan -lugar), etimológicamente significa "lugar de tuna de piedra". Indicaba, según algunas crónicas, el lugar donde fundaron la ciudad por mandato de su dios Huitzilopochtli, en el que encontraron a un águila devorando a una serpiente; ave que estaba posada sobre una chumbera que crecía sobre una piedra.

    Nos hemos encontrado, pues, con los siguientes nombres: Aztecas, Mexitin, Mexicas, Mexicas-Tenochcas y Colhua-Mexicas.

    La denominación de aztecas es muy utilizada por los tratadista anglosajones, sobre todo a partir de que la usara con profusión William H. Prescott en su famosa obra "Historia de la conquista de México" -incluso aplicándole la categoría de nación, que ya empleara en alguna ocasión Fray Diego Durán-. Tal es así que hoy en día se suele utilizar la expresión "pías azteca" para denominar al conjunto de la República Mexicana. Ahora bien, creo que no es adecuada la utilización de este gentilicio, por dos motivos:

    a) En ciertas crónicas, de Aztlan-Chicomoztoc partieron una serie de grupos o etnias, siete según algunos autores, ocho o más según otros. Así, por no citar más que a Fray Diego Durán:

"Los que salieron de aquellas cuevas fueron los seis géneros de gentes; conviene a saber: los Xuchimilcas, los Chalcas, los Tepanecas, los Culhuas, y los Tlaluiccas y Tlaxcaltecas, aunque de saber que no todos juntos ni todos en un año, sino unos primero y otros después, y así sucesivamente [...]" 12

"Pasados trescientos y dos años que las seis compañías de gente auian salido de aquellas cuevas donde vivian, en la tierra de Aztlan y Teoculuacan, aportó á esta tierra la sétima compañía, ques la nación Mexicana, [...]"13

    Por lo tanto, los mexica no eran sino uno más de los grupos de habla nahuatl que se establecieron en la zona lacustre de la Cuenca de México; los últimos en llegar.

     b) Pero lo que resulta extraordinario es que para Cristóbal del Castillo la tribu de los mexicas, cuando estaban en Aztlan, era distinta de la de los aztecas y éstos tenían sojuzgados a aquellos. Lo expresa del siguiente modo:

"Los que allá están haciendo su hogar, los que lo llaman su población, los que gobiernan en Aztlan Chicomoztoc son los aztecas chicomoztocas. Y sus macehuales eran los mecitin, los ribereños, los pescadores de los gobernantes aztecas: ciertamente ellos eran sus macehuales, sus pescadores. Y sus gobernantes los maltrataban mucho, mucho los hacían tributar [...] Porque entonces los pescadores, los de la gran ribera, estaban rodeando la gran laguna llamada la acequia de la Luna. Y [se sobreentiende los aztecas] los aborrecían, los hubieran querido arrasar, los hubieran querido conquistar."14

    ¿Por qué llamar a los mexicanos con el nombre de sus opresores? El filósofo e historiador Miguel León-Portilla, en un célebre artículo, lo expone con cierta mordacidad:

"A pesar de todo, el nombre de aztecas, que el dios protector quiso hacer a un lado porque era el de quienes habían tiranizado a su pueblo, hasta hoy se sigue empleando en muchos momentos y lugares [...] Todo esto, que puede parecer una mera disquisición irrelevante es sin embargo muy significativo. No sólo contraría el designio del dios protector sino que es también un trastocamiento de la historia, una ironía que insiste en dar el nombre de los tiranos a quienes se separaron de ellos e hicieron suyo otro apelativo [...]"15

    Ya hemos visto que el nombre de mexitin les es aplicado en el transcurso de la migración, entre su lugar de partida y su asentamiento definitivo en el islote lacustre; posiblemente para diferenciarse de los otros grupos que partieron también de Aztlan-Chicomoztoc.

    Junto con este apelativo, que algunas fuentes documentales hacen derivar de un personaje guía llamado Mexitl, Mezitli o Mexi, a la tribu le son entregados el arco, la flecha, el escudo y la red, lo que simbolizaría la capacidad guerrera que los acreditaría para su futura toma de posesión del lugar insular.

    Observando la semejanza fonética entre las palabra mexitin y mexica, no sería de extrañar que en su narración de la historia de la migración hubieran tomado la primera como un modo de refrendar el uso de la segunda, una vez establecidos en su enclave final, Mexico; enclave cuyo nombre, como posteriormente veremos, ya existía antes de la llegada de los migrantes.

    El uso de tenochca es válido para designar a los habitantes de la primera localidad, Mexico-Tenochtitlan, que fundaron los recién llegados en el islote pantanoso. Pero es de advertir que, según algunas crónicas, trece años después de su creación un grupo de mexicanos descontentos se estableció en otro islote aledaño, Xaltelolco, al norte del anterior, dando nombre a otra población como Mexico-Tlatelolco. Por lo tanto tan mexicas eran unos como otros.

    Los descubrimientos arqueológicos modernos han puesto de manifiesto que tanto Tlatelolco como Tenochtitlan ya estaban habitados con anterioridad a la llegada de los mexicas. ¿Cómo se denominaba al conjunto? Según Christian Duverger16, antes de la llegada de los nahuas, y por tanto de los mexicas, el área de la Cuenca estaba bajo la influencia de los otomís, que denominaban en su lengua a los islotes como Amadetzânâ: en medio de la luna; como referencia a en medio del agua. Los mexicas adoptaron tal nombre, nahuatlizándolo como Mexico, derivado de la unión de Meztli -Luna-, xictli -ombligo- y el locativo co -en-, para formar "en el ombligo de la Luna" o, por extensión, “en medio del lago de la Luna”.

    En los medios universitarios e intelectuales de la actual República Mexicana se observa un nuevo movimiento para utilizar el apelativo castellano de mexicas -mexica, en náhuatl-, como más correcto, en lugar del de aztecas - azteca. Aunque creo que llevará mucho tiempo la sustitución de uno por el otro, debido a la extensión del uso de aztecas en la literatura extranjera, principalmente de habla inglesa, así como en los medios de difusión de masas.

    Finalmente, en cuanto al nombre de colhuas, o más bien colhua-mexicas, se trata de otra denominación que se dieron a sí mismos, para justificar y legitimar su posesión sobre los terrenos conquistados, como herederos del imperio tolteca, cuyo último bastión después de la caída de Tollan era el enclave de Colhuacan, situado en la ribera sur del lago. Para ello emparentaron por vía de matrimonio con los dirigentes de esta última población.

___________________________

1. Así llamado por encontrarse el manuscrito en la Biblioteca Medicea Laurenciana de Florencia. Códice Florentino. Ed. Facsimilar. Club Internacional del Libro. Madrid. 1994. Tomo III. Libro décimo. Folios 140-149. ↩

2. Fray Bernardino de Sahagún: "Historia general de las cosas de la Nueva España". Ed. Dastin, S.L. Madrid 2001. Tomo II. p. 873. Tomo III. Libro décimo. Folios 140-149. ↩

3. Aztatlan: De Aztatl "garza" y tlan "entre, lugar". Lugar entre garzas, o lugar de garzas.↩

4. Fray Diego Durán: "Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme". CONACULTA. Colecc. Cien de México. México. 1995. Vol. I. pp. 70-71.↩

5. Hernando Alvarado Tezozómoc: "Crónica Mexicayotl". En "Tres crónica mexicanas", de Rafael Tena. Ed. CONACULTA. Colecc. Cien de México. México 2012. p. 35.↩

6. Hernando Alvarado Tezozómoc: "Crónica Mexicana". Ed. Dastin, S.L. Madrid 2001. 2ª ed. p. 53.↩

7. Cristóbal del Castillo: "Historia de la venida de los mexicanos y de otros pueblos e Historia de la conquista". Ed. CONACULTA. Colecc. Cien de México. México 2001 p. 87. ↩

8. Domingo Francisco de San Antón Muñón Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin: "Las Ocho Relaciones y el Memorial de Colhuacan". Ed. CONACULTA. México 2003. Vol. I. Tercera Relación p. 187.↩

9. Ibíd. p. 207.↩

10. Ibíd. p. 223.↩

11. Bernal Díaz del Castillo: "Historia verdadera de la conquista de la Nueva España". Historia 16. Crónicas de América. Madrid 1984. Tomo A. pp. 171-172.↩

12. Fray Diego Durán: "Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme". CONACULTA. Colecc. Cien de México. México. 1995. Vol. I. p. 61.↩

13. Ibíd. Vol. I. p. 67.↩

14. Cristóbal del Castillo: Op. cit. pp. 91 y 93.↩

15. Miguel León-Portilla: "Los aztecas. Disquisiciones sobre un gentilicio". Rev. Estudios de Cultura Nahuatl. Vol. 31. pp. 275-281.↩

16. Christian Duverger: L´origine des Aztèques. Editions du Seuil. Points Histoire. 2003. pp. 139-142.↩