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GRUPO ESCULTÓRICO REPRESENTATIVO DE LA FUNDACIÓN DE MEXICO-TENOCHTITLAN. CIUDAD DE MÉXICO

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Los primeros 50 años

El principio es la mitad del todo.

Sócrates

 

    A su llegada a la isla los mexicas estaban liderados por jefes con funciones militares y  religiosas, apoyados por ancianos, probablemente los calpolleque -jefes de los calpoltin-, a los que las crónicas suelen denominar como guías, capitanes, caudillos o jefes para  designarlos.

He aquí como Fray Juan de Torquemada describe a estos dirigentes:

"De los primeros que llegaron a la fundación de esta ciudad se halla haber sido cuatro muy señalados; […] Esto hallé en unos cantares antiquísimos que tratan de la fundación de esta ciudad y no sabré dar razón si fueron de las nueve cabezas o capitanes que acaudillaban a las nueve familias que llegaron al primer sitio de Chapoltepec o hijos y descendientes de ellos; porque la confusión de las historias antiguas no dan más luz."1

    Los recién llegados es probable que solicitaran permiso al señor de Atzcapotzalco para establecerse en su nuevo hogar, perteneciente a sus dominios, que lo concedería a cambio de la imposición de tributo. Los “Anales de Tlatelolco” nos dicen al respecto:

"Cuando llevaban allí 40 días [los mexicas en Tenochtitlan], Acolnahuacatzin, tlatoani de Atzcapotzalco, mandó que fueran a ver el humo que se levantaba de entre las cañas; envió al tezcacoacatl y tlacochcalcatl Cacahuitl, el cual fue a ver a los mexicas  que en medio de  las  cañas  estaban haciendo humaredas. Llegó y les preguntó: '¿Quiénes sois vosotros? Porque me envía Acolnahuacatzin'. Le respondieron: 'Somos mexicas'. [El enviado] fue a decir al tlatoani que eran los mexicas quienes estaban haciendo humo; nuevamente lo envió, instruyéndolo: 'Di a los mexicas que pueden establecerse allí, porque se han asentado en mi territorio. Esto les doy a cambio del  largo tiempo en que han padecido, pues en ningún lugar han hallado reposo'. Luego acordaron los mexicas: 'Mexicas, vayamos a barrer a Atzcapotzalco, vayamos a suplicar al señor Acolnahuacatzin'. Y empezaron a llevar aves, pescados, ranas, carrizos y varas para ir a barrer y hacer fuego en Atzcapotzalco, en  el palacio del  tlatoani Acolnahuacatzin. [El texto entre corchetes se ha añadido aquí]."2

    Es de suponer también que, estando sometidos a vasallaje, les fuese impuesto un jefe o gobernador con funciones civiles o militares -cuauhtlahtoani, águila que habla-. Se sabe que Tetzotzomoc, señor de Atzcapotzalco, situó a varios de sus hijos como dirigentes de altepeme dependientes. Los “Anales de Tlatelolco”, en cuanto a Tenochtitlan afirman:

"Cuando se asentó tlatoani en Tenochtitlan, ya hacía un año que había gobierno en Tlatelolco; quien dio principio al tlatocayotl de Tenochtitlan fue Tlacoten, hermano menor de Cuacuahpitzahuac, a quien también fueron a solicitar a Atzcapotzalco. Después de que [Tlacoten] se enseñoreó en el año 11 Calli [1.373], no duró mucho tiempo, porque estuvo allá sólo durante doscientos días. Cuando murió [Tlacoten] se asentó su hermano menor Teuhtlehuatzin, el cual tampoco duró mucho tiempo entre los tenochcas,  porque regresó a Atzcapotzalco. Así que los dos hermanos gobernaron durante un mismo año; y después de que el se marchó, durante años no hubo gobernante [en Tenochtitlan], sino que estuvo vacante."3

    Fuentes pro tenochcas4, como la “Crónica Mexicayotl”, de Alvarado Tezozómoc, no informan de esta dependencia, sino que sólo hacen mención de los trece ancianos y cuatro o cinco teomamaque  -dirigentes religiosos que capitaneaban a los mexicas durante la migración-.

Chimalpahin, por su parte, en su Séptima Relación, escribe:

"1 Acatl, 1.363 [...] En mismo año de 1 Acatl murió en Mexico  Tenochtitlan Tenochtzin, que fue cuauhtlato y caudillo en Tenochtitlan durante 39 años; y si se cuenta desde que en Colhuacan Tizaapan los mexicas lo pusieron para que los acaudillara, resultan 65 años.5"

    Fray Juan de Torquemada, con motivo de la posterior elección del primer tlahtoani mexicatl, Acamapichtli , nos dice:

"Los mexicanos que estaban en este sitio de Mexico, ya con beneplácito del rey de Azcaputzalco y le reconocían con tributo y pecho, habiendo elegido nuevo rey, puso en cuidado al de Azcaputzalco esta elección, pareciéndole que teniendo cabeza que los rigiese y gobernase, sería posible que se le rebelasen y aun pretendiesen quitarle el imperio; [...] "6

    Y después, una vez elegido el segundo tlahtoani, Huitzilihuitl, añade:

"Hecha esta elección de Huitzilihuitl, e introducido en el reinado fuele dado nombre y título de: Tlacochcalcatl Yaotequihua, a su hermano Quatlecohuatzin, que es como decir, capitán general y suma cabeza de los ejércitos. De manera que según esto, ya en estos tiempos hacían guerra los me- xicanos, saliendo de su pueblo y ciudad para ofender a otros.  Y es de creer seria así;   pues sabemos que el emperador de Azcaputzalco, luego que se introdujo en el imperio para  haberse  de  apoderar  de  él,  sacó  en su ayuda al rey de Tlatilulco, Quaquauhpitzahuac, su hijo y al de Mexico, Acamapichtli y así como le ayudaron en aquella ocasión, le ayudarían en otras de algunos pueblos y ciudades,  que se le rebelarían y substraerían de esta obediencia; [...]"7

    No puede caber duda de que durante este período los mexicas, tanto de Tlaltelolco como de Tenochtitlan, estaban sujetos al señorío de Atzcapotzalco, siendo sometidos a tributación y prestando servicios personales como auxiliares de guerra. Y sus dirigentes o bien fueron impuestos por los tepanecas o, en caso de los tenochcas, tendrían el beneplácito del señor de Atzcapotzalco.

    En esta primera etapa las conquistas más importantes que realizaron los mexicas, bajo la dirección de los tepanecas, fueron las de Colhuacan, hacia 1.346 d.C., y la de Tenayocan, hacia 1.370. Con relación a la primera hay que decir que dicho altepetl no tenía en este tiempo la importancia que tuvo años atrás, hecho confirmado arqueológicamente por el hallazgo de mayor cantidad de restos cerámicos correspondiente a épocas más antiguas. Y aunque las fuentes no son muy expresivas sobre esta conquista, la “Historia de los mexicanos por sus pinturas” dice:

"[...] que se contaron veintiuno de la fundación de México,  los  de México hicieron guerra a los de Culhuacan y les quemaron su templo."8

    Por otra parte, en la “Leyenda de los Soles”  se lee:  

"He aquí que llegaron a la tierra, aquí a Tenochtitlan, que no era más que tular y cañaveral, donde padecieron trabajos cincuenta años. Nadie era su rey, sino que aun por sí solos entendían los mexicanos en lo que les tocaba. 2 calli. Colhuacan. Tenayocan. He aquí lo que fué la conquista de los mexicanos: solamente dos  lugares, Colhuacan y Tenayocan.”9

    La batalla contra este último altepetl fue incitada por el señor de Atzcapotzalco con la intención de que su toma acrecentase el derecho al uso del título de Chichimecatecuhtli -señor de los chichimecas- implantado por Xolotl como dirigente en Tenayocan. 

    Se ha mencionado la importancia de Atzcapotzalco en este período de la historia mexica. Este señorío tuvo gran importancia en el desarrollo de los acontecimientos desde que los me- xicas se establecieron en Tenochtitlan, en 1.325, hasta que fue derrotado por éstos en 1.430. A continuación se hará una breve referencia al mismo.

     Atzcapotzalco había sido fundada por los tepanecas, uno de los grupos étnicos llegados a la Cuenca de México después de la caída de Tollan, que se establecieron en el área noroccidental del complejo lacustre entre la segunda mitad del siglo XII y la primera del XIII. Su territorio comprendía, además del mismo Atzcapotzalco como núcleo central, las poblaciones de Atlacuihuayan -por deformación toponímica española se la conoció como Tacubaya-, Tlacopan -Tacuba-, Huitzilopochco -el actual Churubusco- y Coyohuacan -Coyoacán-. Su etapa de máximo esplendor coincidió con la autoridad del tlahtoani Tetzotzomoc (ca. 1.371 - 1.426 d.C.). La política dinástica de este gran líder consistió en el establecimiento de alianzas matrimoniales entre miembros de su familia y los dirigentes de los señoríos aliados o con quistados, así como en la imposición de sus hijos o parientes  más cercanos como gobernantes de los mismos. Sus dominios comprendían gran parte del sistema lacustre, pero poco después de su fallecimiento, el poderío del Tlahtocayotl10 decayó, siendo sustituído por el de una confederación tripartita formada por Mexico-Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan. 

 _______________

1. Fray Juan de Torquemada: Monarquía Indiana. Edición digital. UNAM. Instituto de Investigaciones Históricas. Estudios de Cultura Nahuatl. México 1975-1983. Vol. I, Libro III, Cap. XXII. p. 398.↩

2. Anales de Tlatelolco. CONACULTA. Colección Cien de México. Primera edición México 2004. Paleografía y traducción de Rafael Tena. pp. 73-74. ↩

3. Anales de Tlatelolco. Ibíd. p. 39. ↩

4. Las fuentes indígenas están teñidas de un fuerte sentido etnocéntrico que privilegiaba la historia del pueblo de origen del autor de las mismas, ya fuese por motivos políticos u otro tipo de intereses. Así, entre las historias escritas desde el punto de vista tenochca se pueden citar las del dominico Fray Diego Durán (Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme) y Alvarado Tezozómoc, (Crónica Mexicana), nieto de Motecuhzoma II, ambas basadas en un manuscrito indígena hoy desaparecido, que ha sido llamado Crónica X. El escrito anónimo “Los anales de Tlatelolco” relata la historia de los mexicas desde el punto de vista de esta ciudad hermana de Tenochtitlan. Los relatos de Alva Ixtlilxochitl potencian la influencia de Tetzcoco, ya que era descendiente de los señores de esta ciudad. ↩

5. Domingo Francisco de San Antón Muñón Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin: Las Ocho Relaciones y el Memorial de Colhuacan. Ed. CONACULTA. México 2003, 1ª reimpresión. Vol. II. Séptima Relación. pp. 45-47. ↩

6. Fray Juan de Torquemada: Ob. cit. Vol. I, Libro Segundo, Capítulo XV. p. 142. ↩

7. Fray Juan de Torquemada: Ob. cit. Vol. I, Libro Segundo, Capítulo XVII. p. 148. ↩

8. Angel María Garibay: Teogonía e Historia de los mexicanos. Editorial Porrúa. Colección “Sepan cuantos..”. México 2005. p. 57. ↩

9. Códice Chimalpopoca. Anales de Cuauhtitlan y Leyenda de los Soles. Traducción Primo Feliciano Velázquez. UNAM. Instituto de Investigaciones Históricas. Segunda edición. México 1975. p. 127. ↩

10. Tlahtocayotl: Estado o territorio gobernado por el tlahtoani. R. Siméon. Tlatocayotl: “Señorío, estado, reino, corona, patrimonio,..”. “Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana”. Siglo XXI Editores. México 1981. p. 674. ↩

Acamapichtli-Manojo de cañas-

    Los mexicas de Tenochtitlan decidieron desde un principio comerciar con sus vecinos inter- cambiando los productos que ofrecía la laguna -peces, ranas, anátidas, etc.-, por aquellos otros de los que carecían,  fundamentalmente maíz para la alimentación y madera, piedra y cal para la construcción.

    En un momento determinado decidieron escoger un gobernante propio y fueron a buscarlo a Colhuacan, eligiendo para ello al hijo de un mexica y de una princesa colhua -en la pestaña de “La migración” hice alusión a los lazos  familiares establecidos entre las gentes colhuas y los mexicas en tiempos de su estancia en Tizaapan-. Consiguieron con ello una doble legitimidad, la de la propia sangre y la de la descendencia tolteca, por el prestigio que proporcionaba un linaje proveniente de la antigua cultura de Tollan, ciudad de la que Colhuacan era uno de sus últimos reductos.

    El elegido fue Acamapichtli -Manojo de cañas-, que como se ha dicho era hijo de un mexica, Opochtli, y de una princesa colhua, hija de Coxcox de Colhuacan. Este altepetl tenía un sistema de gobierno cuatripartito cuyos señores pertenecían a dinastías distintas, de las cuales la que aquí nos interesa es la representada por Coxcox, abuelo materno del futuro tlahtoani mexica. El sucesor de Coxcox, también llamado  Acamapichtli o Huehue  Acamapichtl, fue destronado y muerto por Achitometl y cuya usurpación dio lugar a la decadencia de Colhuacan. Durán, nos dice al respecto:

"Estos [los mexicas], viendo ya  su çiudad y asiento fundada, determinaron de buscar Rey, haciendo su junta y cabildo truxeron por señor un hijo  de Opochtzin, señor de los mexicanos, que viviendo los mexicanos en Tiçaapan se auia casado con una  señora de Culhuacan llamada Atotoztli, de la cual auia auido este  hijo  llamado Acamapich; del cual los mexicanos tenían noticia, que de mas de ser de línea de sus señores, auia salido muy valeroso moço y acudia a la lignea y sangre de donde decendía. Traydo a la ciudad, fué eleto por rey della en paz y concordia y sin contradicion de ninguna persona, y él con toda umildad recebió el mando y cura del reino, con carga de subjecion y vasallaje á los de Azcaputzalco, pues á causa de auer edificado en sus tierras, les eran tributarios."1

    Así pues, es de creer que mucho tendrían que ver los tepanecas en la elección de Acamapichtli, dada la situación de dependencia de Tenochtitlan respecto al señorío de Atzcapotzalco. Incluso el historiador Ixtlilxoxochitl2 afirma que era hijo del señor tepaneca.

    Un personaje femenino sobre el que existen discrepancias es Ilancueitl -Falda de anciana-, a quien una fuente histórica designa como esposa de Acamapichtli; otra, como madre; otra, como tía o madre adoptiva además de esposa. Independientemente de su verdadera relación con Acamapichtli, lo cierto es que, si fue su esposa, no tuvo descendencia con el mismo. Las principales autoridades tenochcas, sin embargo, dieron a sus hijas como esposas al nuevo gobernante, de las que tuvo numerosos herederos, que aumentaron la incipiente nobleza mexica. He aquí lo que dice Fray Diego Durán:

"Fue casado este rey con una gran señora, natural de Culhuacan, llamada Ilancueitl, la cual fue estéril y infecunda, de lo cual el rey y todos los grandes tenían mucho pesar; y temiendo su reino no quedase sin eredero, tuvieron los señores entre sí su consejo y determinaron de que cada uno dellos le diese una de sus hijas, para que teniéndolas por mugeres, dellas naciesen erederos del reino y sucesores;  […]; en fin, cada uno de los grandes señores y ayos del dios, cada uno ofreció al rey una de sus hijas por muger, al rey, para que de allí sucediese línia de los señores de la tierra."3

    Desde el punto de vista externo la situación de la nueva población sería insegura, dada la posición política inamistosa de los pueblos vecinos y, militarmente, a  la dificultad de poner de acuerdo a los líderes de los varios calpoltin,  quienes tendrían sus propios intereses. La opción por un príncipe foráneo, aunque de sangre mexica, tuvo el efecto  de fortalecer la dirección de los asuntos bélicos y diplomáticos, a la vez que, en contrapartida, los dirigentes de calpolli se aseguraron cierta influencia en el nuevo orden de poder más centralizado, a través de la pertenencia  de parte de su descendencia a la futura nobleza -los pipiltin-4que surgió de esas relaciones matrimoniales.

    Mientras tanto Mexico-Tlaltelolco estaba más próxima a la órbita tepaneca y algunas fuentes están de acuerdo en que el primer gobernante de la ciudad, Cuacuauhpitzahuac, fue nombrado por el señor de Atzcapotzalco, difiriendo solamente en si era hijo de Tetzotzomoc o hermano de éste.5 


Manuscrito Tovar. Representación de Acamapichtli ciñendo la mitra de turquesas -xiuhuitzolli- de tlahtoani. A la izquierda glifo indicativo de su nombre -Manojo de cañas-.


    Aunque las narraciones discrepan en cuanto a las fechas que abarcó el gobierno de Acamapichtli, lo más probable es que su duración se situase aproximadamente entre 1.375 - 1.395 d.C.

    De entre las campañas militares emprendidas bajo su mandato,  como auxiliares de los tepanecas, hay que citar las de Chalco, Xochimilco, Mizquic, Cuitlahuac y Cuauhnahuac; además de las de Chimalhuacan, Cuauhximalpan y Xilotepec. 

    La guerra con Chalco constituyó más bien una serie de choques que una conquista -este  estado sólo fue definitivamente dominado en tiempos del posterior tlahtoani Motecuhzoma Ilhuicamina-. El conflicto comenzó poco después de la asunción del poder por Acamapichtli, y en una primera fase, hacia 1.375, consistió en una xochiyaoyotl - guerra florida-,  entre los chalcas y  los tepanecas-mexicas, con occisión de prisioneros, aunque solo macehualtin6, pues los cautivos principales de uno y otro bando eran liberados. En una segunda fase, años más tarde, dejó de tener ese carácter y ya no fueron redimidos los nobles apresados. Este conjunto de choques tuvo unos importantes bandazos en uno y otro sentido y hacia 1.406, bajo el dominio de su sucesor Huitzilihuitl, la conflagración parece estar ya en manos mexicas. Cuando muere este segundo tlahtoani mexicatl, en 1.415, el conflicto, según señala Chimalpahin,7 llevaba 40 años de duración y los enfrentamientos continuaron durante el mandato de su sucesor, Chimalpopoca.
    Las conquistas más notables en tiempos de Acamapichtli fueron, como queda dicho, las de Xochimilco, Mizquic, Cuitlahuac y Cuauhnahuac, aunque los “Anales de Tlatelolco” las atribuyen al señor de esta ciudad, Cuacuahpitzahuac, lo cual es una muestra del sentido etnocéntrico de las historias escritas por autores indígenas. Dichas conquistas fueron emprendidas por los tepanecas, con la ayuda de los mexicas. He aquí lo escrito por el padre Clavijero al respecto:
"El intérprete de la Colección de Mendoza atribuye a este rey la conquista de Mizquic, Cuitlahuac, Cuauhnahuac y Xochimilco; pero mal podrían conquistar los mexicanos otras ciudades cuando apenas podían mantenerse en la suya. Lo más verosímil es que sirviesen de tropas auxiliares a otros estados contra aquellos lugares, [...]"8

    En el siguiente mapa se ofrece una representación gráfica de las campañas militares emprendidas en tiempos de Acamapichtli. 



Campañas militares emprendidas en tiempos de Acamapichtli.

    “Manojo de cañas” fue un gobernante inteligente, que dio muestras de prudencia política con la metrópoli dominante, Atzcapotzalco, evitando un enfrentamiento directo con la misma, lo que hubiese significado probablemente la pérdida total de autonomía, si no su exterminio. Las fuentes documentales pro tenochcas narran la imposición por los tepanecas a los mexicas-tenochcas de una fuerte carga tributaria adicional al acceder Acamapichtli al señorío, con la intención de que no pudiéndola soportar o bien se fuesen de su territorio, o bien se sublevasen y pudiesen ser así destruídos. Los mexicas con buen juicio accedieron a las exigencias de Tetzotzomoc, por gravosas que fueran, manteniéndose así en paz y construyendo su ciudad y aumentando su población.

    Desde el  punto  de  vista  interno  Acamapichtli tejió una compacta red de matrimonios con las hijas de los jefes de los calpoltin, que le permitió atraerse a los líderes mexicas a su política de paz doméstica, que favorecería el progreso económico, el aumento de la población, del comercio, y el engrandecimiento de la ciudad. Dedicó sus esfuerzos a la mejora de la edificación de la localidad, a la construcción de chinampas y canales, y a la ampliación del centro ceremonial de la urbe.

    A  su  fallecimiento no dejó nombrado heredero entre sus numerosos hijos, aunque fue elegido uno de ellos por un reducido número de notables. En la pestaña “La selección de los tlahtoque” se verá que aunque los sucesivos tlahtoque fueron miembros de este linaje, su ascensión al mando difería del sistema de primogenitura vigente en los reinos de Europa.

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1. Fray Diego Durán: Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme I. CONACULTA. Cien de México. Primera reimpresión. 2002. México. pp. 98- 99.↩

2. Alva Ixtlilxochitl, Fernando: Obras Históricas, publicadas y anotadas por Alfredo Chavero. Tomo I. Historia de los señores Chichimecas. Cuarta Relación. Oficina Tip. De la Secretaría de Fomento. México 1891. p. 103.↩

3. Fray Diego Durán: Ob.cit. Pág. 99. ↩

4. Pipiltin: Plural de Pilli. “Hidalgo, noble, señor, grande, hombre de calidad” (R. Siméon). ↩

5. En el Apéndice I se reflejarán los tlahtoque de Atzcapotzalco, Tenochtitlan, Tlaltelolco y Tetzcoco, así como las fechas aproximadas de sus mandatos. ↩

6. Macehualtin: Plural de Macehualli. “Vasallo” (Molina). Plebeyo, hombre de clase baja. ↩

7. Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin: Ob. cit. Vol. I. Tercera Relación. pp. 237-239. ↩

8. Francisco Javier Clavijero: Historia antigua de México. Editorial Porrúa. Colección “Sepan cuantos...” Séptima edición. México 1982. p. 76. ↩

Huitzilihuitl -Pluma de colibrí-

    Muerto Acamapichtli, reunidos los principales de los cuatro grandes barrios o parcialidades en que se había dividido Tenochtitlan determinaron elegir sucesor en la persona de Huitzilihuitl -Pluma de colibrí-, cuarto hijo de aquél.1 Después, dicha elección fue sometida a aprobación del pueblo, parece ser que con carácter asambleario, aunque se desconoce la verdadera naturaleza de dicha ratificación.

    El  rango de fechas que dan las fuentes documentales sobre su señorío es sumamente amplio, pero parece razonable situarlas ca. 1.396-ca. 1.417 d.C. En  el  año ome acatl -dos caña, 1.403- de su dominio los mexicas celebraron la ceremonia del Fuego Nuevo.



                                                     Manuscrito Tovar. Representación de Huitzilihuitl ciñendo la                                                                                           mitra - xiuhuitzolli- de tlahtoani. A su izquierda el glifo de su                                                                                             nombre  -Pluma de colibrí -. 

    Como su padre, Huitzilihuitl siguió una sabia política personal de alianzas matrimoniales. Su primera esposa fue  una noble tepaneca, hija de Tetzotzomoc según una fuente, nieta del mismo según otra.  Fuese hija o nieta, lo realmente importante es que entroncó con la familia del señorío de Atzcapotzalco, lo que propició que los tepanecas aflojaran algo la presión tributaria a que tenían sometidos a  los mexica de Tenochtitlan. Se desposó asimismo con una noble de Cuauhnahuac, hija del tlahtoani Ozomatzinteuctli, conocido también como Tezcacoatl -serpiente reflejada en el espejo-, cuyo matrimonio debió de estar en relación  con  la  pretensión  de  tener  acceso al  preciado algodón, producto del que carecían los mexicas y que se cultivaba en la “tierra caliente” -del actual Estado de Morelos-. Según la “Crónica Mexicayotl”:

"El tlatoani Huitzilihuitl también solicitó por mujer a otra señora de Cuauhnahuac llamada  Miyahuaxihuitl, la cual era hija de Ozomatzinteuctli, tlatoani de Cuauhnahuac. Según dejaron dicho los antiguos, Ozomatzinteuctli gobernaba sobre toda la región de Cuauhnahuac; y los vasallos que lo servían le tributaban el algodón tan útil y los variados frutos que allá se dan. Todo eso no llegaba a Mexico, pues nada de eso se le tributaba; y como los mexicas no disponían de algodón porque eran muy pobres, sólo unos cuantos lo usaban para vestirse, mientras la mayoría hacía sus mastles2 con unas hierbas que crecen en la laguna. Por tal razón Huitzilihuitl solicitó de allá a esa señora; porque el tlatoani de los mexicas se decía: “¿Cómo haremos para emparentarnos con Ozomatzinteuctli. Quizá [convendría] que me fueran a solicitar a su hija”.3

    Numerosas fueron las esposas que tomó este señor, pues según el "Códice Mendoza”: 

"El dicho Huiçilyhuitl fue belicoso en guerras e ynclinado de tener muchas mujeres de las cuales obo muchos fijos, con que se fue aumentando la grosedad de los mexicanos."4

     De entre sus numerosos hijos hay que destacar a su sucesor, Chimalpopoca,  a Motecuhzoma Ilhuicamina o Huehue Motecuhzoma, que sería también tlahtoani y a Tlacaelel, personaje decisivo durante el señorío de varios gobernantes mexicas y del que se tratará posteriormente.

    Huitzilihuitl continuó con su participación en las campañas militares de los tepanecas, extendidas a los cuatro rumbos del complejo lacustre. Hacia el norte se conquistaron Xaltocan y Tollantzinco; al sur, Cuauhnahuac, Ocuilan, Yecapiztlan y Cuauhtinchan; al este, Otompan, Acolman y Tetzcoco, continuando la guerra con Chalco; al oeste, Cuauhtitlan y Toltitlan.

    En la guerra contra Xaltocan participaron junto a Atzcapotzalco tanto los mexicas como los acolhuas de Tetzcoco y ambos fueron beneficiados de los repartos de tierras que hicieron los tepanecas. Años después se tomó  Tollantzinco, aunque  los  “Anales de Tlatelolco” afirman que había fallecido Huitzilihuitl, por lo que es posible que fuese una conquista solamente tepaneca.

    Ya se ha dicho que Cuauhnahuac fue ocupada en tiempos de de Acamapichtli, pero no debió ser total el sometimiento, pues es cierto que fue tomada -conquistada o reconquistada - bajo el mandato de Huitzilihuitl. En esta zona también fueron conquistadas Yecapiztlan y Ocuilan. Parece claro que los tepanecas buscaban los productos que se obtenían en sus fértiles tierras; entre ellos el algodón, con sus múltiples utilidades: elaboración de vestidos, armaduras acolchadas para amortiguar el impacto de los dardos, mantas que a su vez tenían gran importancia como elemento de trueque y pago de tributos, etc.   

    En cuanto a Cuauhtinchan, si uno se atiene textualmente a lo que relatan las fuentes no se llega a una conclusión indubitada. Creo que el tema ha sido dilucidado certeramente por Davies5 y se puede afirmar que en esta época los  mexicas batallaron contra este altepetl en su búsqueda de caminos para los mercaderes -pochteca- hacia las tierras calientes del Golfo.

    El conflicto con Tetzcoco tuvo que ver con los intentos de Tetzotzomoc de Atzcapotzalco tratando extender su hegemonía sobre todo el territorio del Anahuac  -Cerca del agua-.

    En el siguiente Mapa pueden observarse las campañas militares en las que participaron Huitzilihuitl y su sucesor e hijo Chimalpopoca. 



Campañas militares en los alrededores de la zona lacustre bajo los mandatos de Huitzilihuitl y Chimalpopoca.


    Por la relevancia del señorío de Tetzcoco en el acontecer del pueblo mexica desde su llegada a la Cuenca, me parece conveniente hacer un breve comentario a su historia anterior al momento del inicio de las hostilidades.  

    He aquí lo que dice el historiador Ixtlilxochitl sobre el origen de la ciudad:

“La ciudad de Tezcuco  tuvo principio  su  población  en tiempos de los tultecas y se decía Catlenihco y se destruyó y acabó con las demás de los  tultecas y después la fueron reedificando los reyes chichimecas y en especial Quinatzin que la ilustró mucho y quedó en ella haciéndola cabeza y corte del imperio, [...]”6

    Lo cierto, atestiguado por los estudios arqueológicos, es que el núcleo de población original existía mucho antes de la llegada de los chichimecas, aunque al elegirla Quinatzin como sede de su señorío le dio nuevo realce. Los primeros en llegar a la Cuenca después de la caída de Tollan fueron los chichimecas de Xolotl, que estableció su capitalidad en Tenayocan, repartiendo sus territorios entre sus descendientes, sus capitanes y nuevos recién llegados. Uno de aquellos, su biznieto Quinatzin, asentó su sede en Tetzcoco, que fue asumiendo la preeminencia que antes había tenido Coatlichan en esta área.

    Durante la gobernación de Quinatzin y de su hijo y sucesor Techotlalatzin hubo una serie de arribadas a Tetzcoco de poblaciones de lengua nahuatl, siendo de destacar en tiempos del segundo las de cuatro conjuntos de inmigrantes desde Colhuacan, tras la derrota de éste por los tepanecas y mexicas de Acamapichtli; fueron colhuas, tepanecas, mexicas e huitznahuacas. Estos grupos trajeron consigo cambios culturales importantes, incluyendo la lengua nahuatl, e incluso llevando sus propios dioses, entre ellos Tecatlipoca, Huitzilopochtli y Tlaloc. De tal importancia fue este impacto que Techotlalatzin ordenó que el pueblo adoptara la nueva lengua y que los cargos públicos usaran obligatoriamente la misma en el cumplimiento de sus funciones.

    En este tiempo los poderes más importantes en la zona lacustre eran los tepanecas y los acolhuas, aunque aquellos dominaban prácticamente las zonas norte, oeste y  sur de la misma. Quinatzin mantenía buenas relaciones con Atzcapotzalco y no discutió con Tetzotzomoc por el uso de la dignidad de Chichimecatecuhtli -Señor de los Chichimecas-. Gobernando Techotlalatzin Techotlalatzin las relaciones fueron también pacíficas; pero todo cambió con la ascensión de Ixtlilxochitl, de fuerte personalidad, al señorío de Tetzcoco.

    Como se ha dicho, Tetzotzomoc deseaba extender su dominio a toda la zona lacustre y ofreció una de sus hijas en matrimonio a Ixtlilxochitl, que rehusó por no querer aquél reconocerlo como Chichimecatecuhtli -Señor de los Chichimecas-, y tomó por esposa a una hija de Huitzilihuitl de Tenochtitlan. A continuación Atzcapotzalco sometió a fuerte presión tributaria a Tetzcoco, que Ixtlilxochitl rechazó, sentándose el camino para el inicio de hostilidades.

    Según el historiador Alva Ixtlilxochitl, descendiente del tlahtoani anterior:

"Luego que se hicieron las exequias y entierro de Techotlalatzin los señores que se hallaron presentes a ellas juraron por su universal señor a Ixtlilxóchitl, aunque Tezozómoc así que supo la muerte de Techotlalatzin por aviso que tuvo de Teyolcocoatzin su nieto, señor que a la sazón era de Acolman, luego convocó a los señores mexicanos, y entre otras razones que les dijo fue decirles, que él se hallaba muy ofendido de Ixtlilxóchitl por su demasiada presunción y altivez, preciándose no tener iguales en su mando y señorío, pues según buena razón a él competía la sucesión del imperio, pues era nieto de Xólotl, primer poblador de él,  demás que era mancebo de poca experiencia para poder conservar un tan gran señorío, y que así de ninguna manera se quería hallar en la Jura, ni de admitir por supremo señor, sino que antes le había de sojuzgar y poner debajo de su mando y señorío, pues tenía tantos y tan principales deudos y parientes, como lo eran ellos y los señores de Acolman y Coatlichan, que con facilidad  a éstos y a todos los señores de su casa y vasallos atraería a su voluntad."7
    Esto ocurría en 1.414. Algunas ciudades teóricamente sujetas a Tetzcoco -Xaltepec, Otompan, Axapochco, Temazcalapan- secretamente secundaban a los tepanecas. Entre las fieles se encontraban Tollantzinco, Huexotla, Tepepolco, Coatlichan y Acolman.

    Al año siguiente Tetzotzomoc desencadenó el ataque, comenzando por la ciudad de Itztapallocan -la actual Ixtapaluca-, con el fin de tomar Tetzcoco por el sur. Aunque la embestida a la ciudad fue rechazada, el final de la campaña terminó con la toma de Acolman,  Otompan, Tepechpan y Tollantzinco. Tetzcoco sería conquistada siendo Chimalpopoca, sucesor sucesor de Huitzilihuitl, tlahtoani de Tenochtitlan.

    Dos años después, en 1.417, Ixtlilxochitl inicia una contraofensiva contra Atzcapotzalco dirigiéndose hacia la misma primero por el noreste, luego por el noroeste y bajando después hacia el sur, hasta llegar a sitiar la capital durante cuatro meses, tomando, entre otras ciudades importantes, Otompan, Tollan, Xilotepec y Cuauhtitlan.  No se sabe bien por qué Ixtlilxochitl no llegó a tomar Atzcapotzalco, permitiendo que al año siguiente Tetzotzomoc iniciara de nuevo una campaña envolvente sobre Tetzcoco. 
 
     En  este  período  continuó  la  guerra  contra  Chalco, pero más bien como una cuestión puramente de los mexicas ya que, aunque comenzó siendo un asunto tepaneca, en un determinado momento  los chalcas fueron aliados de Tetzotzomoc en su lucha contra Tetzcoco. A su vez,  parece ser que los tepanecas también colaboraron con otra serie de señoríos en la defensa de los intereses chalcas en contra de los avances mexicas.

    En 1.417 fallece Huitzilihuitl habiendo contribuido a la ampliación de su ciudad y al aumento del respeto hacia ella por parte de sus  vecinos. Según Durán,8 empezó a poner leyes y ordenanzas en su República (sic), en especial en lo que se refería al culto de sus dioses y, agrandó la anterior estructura del Huei Teocalli. A este respecto ha de hacerse constar que, según las modernas investigaciones arqueológicas, se han hallado siete fases  constructivas  del  Templo  Mayor. Cada una  consistía en una superposición sobre la anterior, haciendo por consiguiente el Templo más ancho y más alto, basándose en la necesidad de evitar los hundimientos de un gran edificio construido en terreno pantanoso y en el no menos  importante empeño de los sucesivos gobernantes en aumentar su prestigio y su impresión de poder. La que ha sido llamada fase II puede verse actualmente en las ruinas del Templo en la ciudad de México: en su cima, la entrada a los adoratorios de Tlaloc y de Huitzilopochtli. Delante del adoratorio de Huitzilopochtli hay una piedra sagrada del sacrificio -techcatl-, realizada con tetzontli -tezontle, material volcánico abundante en la Cuenca-. En el último escalón, alineado con la piedra de los sacrificios hay un glifo Ome tochtli -2 conejo, 1.390 d.C.- que indica aproximadamente el inicio de las fechas de construcción de esta etapa. Además, a la entrada del adoratorio de Tlaloc hay un Chacmool.9

    Todavía quedan restos polícromos, tanto del mismo como de las paredes interiores de los adoratorios. Esta fase es atribuida por los arqueólogos al período de dominación de los tres primeros tlahtoque, Acamapichtli, Huitzilihuitl y Chimalpopoca.

          


Templo Mayor. Etapa Constructiva II.  Delante del adoratorio de Tlaloc puede verse el Chacmool. A la derecha, piedra del sacrificio ante el adoratorio de Huitzilopochtli. 


    Siguió este gobernante una política de captación  de población, atrayendo a gran número de comarcanos y avecindándolos en la ciudad, ampliando el suelo y aumentando la construcción  de canales. En lo que se refiere a la política militar, reformó la estructura del ejército, nombrando a su hermano Itzcoatl -futuro tlahtoani mexicatl- capitán general de los ejércitos. Bajo su mando los mexicas se adiestraron en la guerra naval mediante el uso de canoas, consiguiendo  así  un  ahorro  importante de medios logísticos en las campañas alrededor de los lagos.  Hay que tener en cuenta que hasta entonces los desplazamientos a las localidades ribereñas debían de hacerse a pie, dando largos rodeos y que el transporte de aprovisionamientos y material era realizado a hombros de porteadores.

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1. Fray Diego Durán: Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme I. CONACULTA. Cien de México. Primera reimpresión. 2002. México. pp. 105 - 106. ↩

2. De maxtlatl: “Ceñidor, taparrabos o banda ancha que baja hasta los muslos y cubre las desnudeces” (R. Siméon).↩

3. Fernando Alvarado Tezozómoc: Crónica Mexicayotl. En 'Tres crónicas mexicanas'. CONACULTA. Colección Cien de México. 2012 Paleografía y traducción de Rafael Tena. p. 93. ↩

4. Códice Mendoza. Edición digital del Instituto Nacional de Antropología e Historia. México. www.codicemendoza.inah.gob.mx. Folio 4r. ↩

5. C. Nigel Davies: Los mexicas. Primeros pasos hacia el imperio. Instituto de Investigaciones Históricas. UNAM. México 1973. pp. 115-117. ↩

6. Fernando de Alva Ixtlilxochitl: Historia de la nación chichimeca. Editorial Dastin. 1ª edición. Madrid 2000. p. 82. ↩

7. Fernando de Alva Ixtlilxochitl: Ob. cit. p. 94. ↩

8. Fray Diego Durán. Ob. cit. p. 111. ↩

9. Chacmool. Escultura representando una figura humana reclinada hacia atrás, con la cabeza mirando al frente, las piernas recogidas y con un recipiente en su seno. Muy extendida en Mesoamérica, en la época mexica estaba fundamentalmente asociada al culto del dios Tlaloc. ↩

Los plebeyos y los nobles

 

    Como ya es sabido, los mexicas estaban organizados alrededor de una unidad social corporativa básica, el calpolli,  cuyos  miembros pertenecían a conjuntos de familias extensas, formadas por las de padres, hijos emancipados y parientes, quizás ascendiendo todas, al menos en un principio, de un antepasado común. El conjunto de estas unidades formaba la tribu, que en sus primeros tiempos tenía una estructura social no muy diferenciada. Ahora bien, desde su establecimiento en Tenochtitlan, y para el período objeto de análisis en este estudio, dicha estructura se había diversificado y existía una clara estratificación social.

    Los dos grandes estratos en que se dividía la sociedad eran el de los macehualtin -plebeyos- y el de los pipiltin -nobles-. Y dentro de cada uno de ellos se podían observar distintas categorías que hacían un retrato complejo de la situación.

    Los macehualtin eran los agricultores, los pequeños comerciantes, los constructores, los artesanos y los sirvientes domésticos. En los calpoltin agrícolas las tierras eran de posesión comunal y eran distribuídas entre las familias que los conformaban. Los macehualtin sólo disfrutaban de su uso, no pudiéndola vender ni transmitir por herencia, aunque era frecuente la atribución de la tierra a los herederos del fallecido.


Códice Florentino. Libro Diez. Representación de macehualtin agricultores, a la izquierda. A la derecha, dos pipiltin.

    Conforme iba extendiéndose el poder mexica más allá del complejo lacustre se fue acrecentando, dentro de este estrato, la importancia económica e influencia social de un poderoso grupo de comerciantes a larga distancia, los pochteca, que si bien no lograron en conjunto acceder al grupo nobiliario, disfrutaron de ciertos privilegios de los que no gozaban el resto de macehualtin.

    El último escalón social estaba formado por los tlatlahcotin -esclavos-, aunque su situación personal distaba bastante de la concepción que se tenía de tal institución en su coetáneo occidente europeo: así, la esclavitud era personal, no hereditaria, pues el hijo de un esclavo nacía libre; si una persona accedía a tal condición por deudas podía liberarse si pagaba las mismas; el esclavo podía adquirir su propio patrimonio y poseer esclavos a su vez; no podía ser vendido por su dueño sin su consentimiento, salvo circunstancias extremas y excepcionales; el dueño de un esclavo si lo mataba sufría pena de muerte.

    Macehualli era aquél que hacía merecimientos o penitencia, es decir, el que adoptaba una actitud de adoración, de sumisión  hacia los dioses; en este sentido  todo  hombre  era un macehualli. Los mexicas, antes del inicio de su migración desde Aztlan, se consideraban a sí mismos como macehualtin. En “La historia de los mexicanos por sus pinturas”, cuando los dioses crearon al primer hombre y a la primera mujer, se dice:

“Luego hicieron a un hombre y una mujer:   al  hombre le dijeron Uxumuco y a ella, Cipactonal. Y mandáronles que labrasen la tierra, y a ella, que hilase y tejiese. Y que de ellos nacerían los macehuales, y que no holgasen, sino que siempre trabajasen.”1

    Ahora bien,  aquella estructura más o menos igualitaria, existente en tiempos lejanos, se fue diversificando durante la migración. Una primera aristocracia tribal estaría constituída por los calpolleque -los jefes de los calpoltin -; también gozarían de una posición distinguida los guías religiosos -teomamaque-, así como los caudillos o jefes militares -yaotequiua-.

    Después del asentamiento definitivo en Tenochtitlan y de la ascensión al poder de Acamapichtli, se afianzó el estrato social de los nobles -pipiltin-, que quedó definitivamente reafirmado después de la guerra contra Atzcapotzalco, durante el señorío de Itzcoatl.

    En la cúspide estaba la figura del tlahtoani, al cual estaban subordinados todos los demás gobernantes, acompañado, a un segundo nivel, del cihuacoatl -mujer  serpiente-, alto dignatario que suplía  a aquél en caso de ausencia o fallecimiento y que también desarrollaba funciones administrativas, judiciales, militares y religiosas.

    Ya he comentado anteriormente que el primer tlahtoani mexicatl siguió una inteligente política de matrimonios con las hijas de los principales dirigentes tenochcas, tanto caudillos militares como jefes de calpolli. Los vástagos de estas uniones constituirían el inicio del más elevado escalafón de la nobleza, que llegaría a acaparar los grados superiores en la organización administrativa, en la milicia y en el sacerdocio. Solamente de entre ellos se podrían elegirlos futuros tlahtoque. Eran los tlazopipiltin -preciosos nobles-. El vocablo nahuatl pilli, aparte de noble, también significa hijo2, y en este sentido se puede entender que los hijos de Acamapichtli constituyesen el más alto nivel del estrato social de los pipiltin.

    En una segunda posición estaban los pipiltin, en general. Familiares de la nobleza, en uno u otro grado, que también pertenecían al estrato dominante.

    Una tercera categoría de la nobleza la constituían los cuauhpipiltin -hijos águila o nobles águila-, que habían alcanzado tal grado por sus merecimientos, fundamentalmente en el campo de batalla.

    Todos estos nobles no estaban compelidos al trabajo agrícola, estaban exentos del pago de tributos y constituían la mayoría de la clase gobernante, dominando el ejercicio de las funciones administrativas, judiciales, militares y religiosas.

    Tanto los pipiltin como los cuauhpipiltin podían ser encargados del gobierno de algunas ciudades conquistadas o representantes  del poder estatal en los calpoltin, recaudadores de tributos -caxpilque- etc.

    El estrato constituído por los descendientes del tlahtoani y el de los pipiltin, nobles por su nacimiento, podían o no disfrutar de tierras, según la voluntad de aquél. Se les tenía en cuenta para el ejercicio de cargos administrativos, jueces, embajadores y otros destinos palaciegos. Este grupo fue aumentando contínuamente con el tiempo y, en años cercanos  a la conquista española, trataron de impedir la entrada de nuevos miembros, a fin de conservar para sí y para sus descendientes los privilegios que habían conseguido.

    La educación de los hijos de los plebeyos, salvo casos distinguidos, se llevaba a cabo en el telpochcalli -casa de los jóvenes- donde se les enseñaban cantos y danzas, se les inculcaba disciplina y sobre todo se les preparaba para la guerra. Sin embargo, los hijos de la nobleza acudían principalmente al calmecac, escuela superior donde se les educaba para ser gobernantes, guerreros de élite o sacerdotes, instruyéndoles en la interpretación de los libros pintados, memorización de la tradición oral, religión, matemáticas, astronomía, música, y se les aleccionaba en valores morales, austeridad  y disciplina. 


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1. Angel Mª Garibay: Teogonía e historia de los mexicanos. Tres opúsculos del siglo XVI. Editorial Porrúa, 2005. México. p. 25. ↩

2. Fray Bernardino de Sahagún: Historia General de las cosas de la Nueva España. Códice Florentino. Versión nahuatl. Libro X, capítulo I, folio 2. Accesible en internet: http://www.wdl.org/en/item/10096/view/1/1/ ↩

Selección de los tlahtoque

    La sucesión dinástica en el tlahtohcayotl mexica se caracterizaba por dos notas fundamentales: la línea de sucesión era semihereditaria1 y la selección del tlahtoani se realizaba mediante elección.

    El orden sucesorio no era estrictamente hereditario por línea paterna y preferencia al primogénito, ya que la designación del tlahtoani la llevaba a cabo un Consejo, más o menos amplio, formado por altos dignatarios tenochcas, siendo ratificada, si bien con carácter protocolario, por los señores de Tetzcoco y Tlacopan a partir de la constitución de la Triple Alianza entre Tenochtitlan y estos dos señoríos. Ahora bien, la elección respetaba una cierta regla de primogenitura, ya que el señorío, en el caso de que a un tlahtoani le sucediesen sus hermanos retornaba, después de haber gobernado éstos, a uno de los hijos del primer gobernante. 

    Hasta la elevación de Itzcoatl al gobierno, la sucesión fue por rigurosa herencia patrilineal: a Acamapichtli le sucedió su hijo Huitzilihuitl y a éste, a su vez, su hijo Chimalpopoca. Pero a la muerte del último el señorío pasó a manos de su tío Itzcoatl, iniciándose a partir de entonces la línea de sucesión semihereditaria. En su momento se verá el orden sucesorio, así como el grado de parentesco entre los tlahtoque, desde Acamapichtli hasta Motecuhzoma Xocoyotzin. 

    Una explicación de por qué durante la gobernación de los tres primeros tlahtoque la sucesión fue patrilineal estricta puede residir en el hecho de que durante ese  tiempo Tenochtitlan estaba sometida a Atzcapotzalco y en este tlahtohcayotl regía tal sistema de sucesión desde los chichimecas de Xolotl. Así, después de haber ordenado la muerte de su hermano menor Tayauh, heredero al trono tepaneca por deseo de su padre Tetzotzomoc, dice Maxtla:

“[…] qué os parece, ¿no fué muy bien hecho quitarle la vida á mi hermano? pues, como sabéis bien, era menor que yo,  y conforme á las  leyes de mi  bisabuelo Xolotl y de sus antepasados, siempre el  mayor es heredero, como yo lo soy y tan de derecho me viene;[…]”2
    Es de destacar que Chimalpopoca, como ya se ha dicho, era de linaje mexica-colhua-tepaneca. A partir del  triunfo de los mexicas sobre los tepanecas el linaje que se impone es el mexica-colhua. Y la costumbre tolteca y de su último reducto, Colhuacan, era la de la sucesión de carácter semihereditario. Escribe Van Zantwijk, refiriéndose al acceso al gobierno de un tlahtoani tenochca:
“[…] ya que había una fuerte tradición Tolteca y Colhua de que, después de los reinados de hermanos, la nueva generación de gobernantes fuese elegida entre los descendientes del hermano que había gobernado primero.”3

    ¿Quién realizaba la elección del gobernante? En esto las fuentes documentales presentan diversas versiones. No obstante, para no cansar al lector, y porque en la relación de cada uno de los señores a partir de Itzcoatl se atenderá a su designación, trataré de resumir lo que acontecía al respecto.

    Dos  períodos  hay  que  señalar  en  el sistema electivo del tlahtoani de turno. Uno que incluye desde la elevación de Acamapichtli hasta la elección de Chimalpopoca; otro que abarca el señorío de los sucesivos herederos al poder supremo.

    Dice Durán que un grupo de personas de autoridad  y respeto, junto con los cuatro sacerdotes de Huitzilopochtli, decidieron buscar señor en Colhuacan, en la persona de Acamapichtli:

“Traydo a la ciudad, fue eleto por rey della en paz y concordia y sin contradicción de ninguna persona,[...]”4

Ya se ha dicho que en la designación de Huitzilihuitl y Chimalpopoca se siguió una vía de herencia patrilineal, aunque no de primogenitura; ninguno de estos dos tlahtoque eran los hijos mayores de sus padres. Los electores pertenecían a un Consejo de notables y la elección fue aprobada por el pueblo.

Escribe Durán, refiriéndose a la de Huitzilihuitl:

“Muerto el rey Acamapich, [...], los mexicanos determinaron elexir Rey, y así haciendo su consulta y cabildo entre los grandes y mucha de la gente común dixo uno de los más ancianos: […] ablá, mexicanos: decí, nombrá,  señalá quién es  el que a de echar la mano á la vara para no torcer la justicia y el  que a de tomar el açote para no perdonar el castigo; […] bien teneis en que escoxer: ay  tenemos nietos e hijos del rey pasado y nacidos de nuestras hijas.

Fecha la plática, los principales de los quatro barrios, […], todos á una respondieron y dixeron: Mexicanos, aquí estamos todos en nuestra junta y cabildo,  aquí sin hacer injuria á nadie hablamos libremente: nuestra voluntad es de que sea nuestro Rey y señor el hijo de Acamapich, nuestro Rey pasado, que a por nombre Vuitziliuitl, […] Hecha la elección, salió uno de los ancianos á la gente  del pueblo que estaua  acá fuera esperando quién les cabria en suerte, de hombres y mugeres, viejos y moços, hombres y niños, y díxoles á todos en alta voz: Hermanos míos; aquí estais todos los de la nacion mexicana: aveis de sauer que los principales de todos los quatro barrios, mandones y prepósitos, an electo por Rey deste reino al macebo Vitziliuitl para que os sea padre y amparo en vuestras necesidades: mirá lo que os parece, porque sin vuestro parecer no habrá nada hecho. Oido por el pueblo, respondieron todos á una, chicos y grandes, hombres y mugeres, viejos y moços, que confirmauan la ellecion y que fuese muy en nora buena, [...]”5

    En términos similares se llevaron a cabo las elecciones de Chimalpopoca e Itzcoatl, si bien en el caso de este último el sistema comenzó a ser semihereditario. La designación se efectuaba por un grupo de principales distinguidos, siendo ratificada la designación por el pueblo. Se puede, pues, inferir que la elección tenía poco de democrática. Los electores eran un reducido grupo de notables y la confirmación por el pueblo debía de consistir, si acaso, en un acto meramente formal de comunicación al mismo.

    A partir del nombramiento de Motecuhzoma I la elección se torna más aristocrática. Itzcoatl  había creado un Consejo Supremo, el Tlatocan, del que formaban parte los más altos dignatarios de la milicia, la administración y el sacerdocio, al que el tlahtoani consultaba los asuntos más importantes de la nación. Dentro de esta corporación existía el llamado Consejo de los  Cuatro, formado por el tlacochcalcatl6, el tlacatecatl7, el  el ezhuahuacatl 8 y el tlillancalqui. 9 Dice Acosta de los mismos:
“Todos estos cuatro dictados eran del  consejo supremo, sin cuyo parecer el rey no hacía ni podía hacer cosa de importancia; y muerto el rey, había de ser elegido por rey, hombre que tuviese algún dictado de estos cuatro.”10
Y según Durán:   
“[...] y tampoco podían ser puestos en este cargo y ditados sino eran hijos ú hermanos de reyes; y así electo uno de estos cuatro, luego ponían otro en su lugar: y es sauer que no ponían hijo del que elegían por rey, ó del que moría, porque como ya tengo dicho, nunca heredaron los hijos, por vía de herencia, los ditados ni los señoríos, sino por elección; y así, agora fuese hijo, agora fuese hermano, agora primo, como fuese eleto por el rey y por los de su consejo para aquel ditado, le era dado, bastaua ser de aquella  lignia y pariente cercano; y así iban siempre los hijos y los hermanos heredándolo, poco á poco;  si no esta vez, la otra,  ó si no la otra, y así nunca salía de aquella generación aquel ditado y señorío, eligiéndolos poco á poco.”11

A partir de entonces el tlahtoani sería seleccionado, de entre ellos, por el Consejo Supremo y por los señores de los otros dos estados aliados, Tetzcoco y Tlacopan. La elección se perpetuó en un único linaje, y tanto del cuerpo electoral como de los elegidos estaba excluído el pueblo llano, constituído por los macehualtin. La personificación del máximo gobernante mexica era aristocrática y el sistema electivo era de tipo oligárquico. 


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1. Rudolf Van Zantwijk: Iquehuacatzin, un drama real azteca. Revista Estudios de Cultura Nahuatl. Vol. 13. 1978. pp. 89-96. ↩

2. Alva Ixtlilxochitl, Fernando: Obras históricas, Tomo I. Historia de los señores Chichimecas. Undécima Relación. Oficina Tip. De la Secretaría de Fomento. México 1.891. p. 201. ↩

3. Rudolf Van Zantwijk: Factional divisions within the Aztec (Colhua) royal family. En Factional Competition and Political development in the New World. Cambridge. Univ. Press. UK 1994. p. 109. ↩

4. Fray Diego Durán: Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme I. CONACULTA. Cien de México. Primera reimpresión. 2002. México. pp. 98- 99. ↩

5. Fray Diego Durán: Ob.cit. pp. 105-106.↩

6. Tlacochcalcatl: General jefe del armamento.↩

7. Tlacatecatl: Comandante en jefe del ejército. Según R. Siméon también se daba este nombre al general que comandaba un cuerpo de 8.000 hombres. ↩

8. Ezhuahuacatl : “Derramador de sangre arañando o rasguñando” (Tezozómoc). ↩

9. Tlillancalqui : “El señor de la casa de la negrura” (Tezozómoc). ↩

10. Joseph de Acosta: Historia natural y moral de las Indias. FCE 2006. México. Libro sexto. Capítulo 25. p. 350. ↩

11. Fray Diego Durán: Ob. Cit. p. 153. ↩